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ESTE ESPACIO ES UNA INVITACIÓN A HACERLO, VIAJANDO A LAS RAÍCES, A LA SABIDURÍA Y LA CULTURA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Pueblo Chorote


Este pueblo comenzó su contacto sistemático con la población no indígena apenas comenzado el siglo XX; hasta entonces habían mantenido una relativa independencia en virtud de habitar la región árida chaqueña, un territorio poco interesante para los primeros intentos de colonización. Sin embargo, lo que para la población blanca parecía un ambiente hostil, brindaba –a los chorote y a otros pueblos cazadores, recolectores y pescadores como ellos– múltiples recursos de diverso tipo y motivo para el desarrollo de una concepción compleja acerca de la condición humana, su relación con los elementos de la naturaleza y con lo sobrenatural. Debe aclararse que esta distinción que acabamos de hacer (la humanidad, la naturaleza, lo sobrenatural) no es significativa para la cultura chorote, en la cual estos tres ámbitos están constantemente en relación, se interpenetran y actúan recíprocamente entre sí.
Y, como en muchas otras culturas, el saber progresivo sobre estos ámbitos y la posibilidad de trasladarse entre ellos es fuente de poder para los más sabios, que son, frecuentemente, los más ancianos. El poder se traduce, en parte, en la posibilidad de curar o de hacer daño y en la capacidad para la profecía, propia de los aiewuj.
Dos hechos en el siglo XX alteraron profundamente el modo de ser y de vivir chorote: la Guerra del Chaco (Bolivia y Paraguay, 1932-1935), que especialmente afectó a los chorote del norte o montaraces (iyowújwa) empujándolos hacia el sur, donde se encontraban los chorote del Pilcomayo o  iyojwá'ha. El segundo hecho fue el ingreso a la región de las iglesias y misiones evangélicas, las que ejercieron (y aún lo hacen) una fuerte influencia en la retraducción de la concepción del mundo chorote a través de las ideas propias de la cosmología y la teología cristianas. Han sido también el canal para un proceso sui géneris de civilización, que no es más
que la adaptación a los estilos y hábitos de la cultura regional, pero desde una posición subordinada. De este modo, el pueblo chorote –que era considerado extremadamente pobre desde una visión etnocéntrica– se ha convertido, en efecto, en uno de los segmentos más pobres de la población del norte de la Argentina.







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